Crowley y los Illuminati: entre el mito y el delirio
- Francisco Moreno Rodríguez
- 22 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Si buscas “Aleister Crowley” en YouTube, seguro te vas a topar con títulos como: “La Gran Bestia 666: líder de los Illuminati” o “Crowley, el arquitecto del Nuevo Orden Mundial”. Y claro, con música de fondo inquietante y letras rojas intermitentes.
Pero vamos a bajarle dos rayitas: Crowley nunca fue miembro de los Illuminati históricos. Los de Baviera se disolvieron en el siglo XVIII, mucho antes de que él naciera. Entonces, ¿de dónde sale esta obsesión de vincularlo?
Los Illuminati de verdad (spoiler: aburridos)
Primero lo primero:
Los Illuminati de Baviera surgieron en pleno auge de la Ilustración europea, una época marcada por el cuestionamiento de la autoridad y la búsqueda del conocimiento racional.
Fundados en 1776 por Adam Weishaupt, un profesor de derecho canónico en la Universidad de Ingolstadt, su objetivo era ambicioso: crear una red de pensadores ilustrados que promovieran la razón, la libertad de pensamiento y la tolerancia, combatiendo la superstición y la influencia excesiva de la Iglesia y la monarquía.
Lejos de los mitos modernos sobre rituales oscuros o conspiraciones globales, los Illuminati funcionaban como un círculo intelectual secreto, similar a las logias masónicas, donde se debatían ideas progresistas y se diseñaban estrategias para influir en la sociedad. Sin embargo, su creciente popularidad y el temor de las autoridades a cualquier movimiento subversivo llevaron a su prohibición en 1785.
Paradójicamente, fue precisamente su corta existencia y el misterio que la rodeó lo que alimentó su leyenda, convirtiendo a los Illuminati en protagonistas de incontables teorías conspirativas hasta nuestros días.
Pero aquí está la trampa: Crowley sí perteneció a órdenes ocultistas que parecían sacadas de una novela de Dan Brown:
Golden Dawn: aprendió cábala, astrología y rituales mágicos.
Ordo Templi Orientis (OTO): donde desarrolló su magia sexual.
A∴A∴: su propia orden, basada en la doctrina de Thelema.
Y como estos grupos tenían jerarquías, grados secretos y rituales con túnicas, no tardó en mezclarse todo en la coctelera conspirativa: Golden Dawn + OTO + 666 = Illuminati.
Sin embargo el siglo XX se encargó de hacer el resto:
En los 60 y 70, Crowley se convirtió en ícono pop del rock (Bowie, Zeppelin, Beatles).
En los 80 y 90, el “pánico satánico” lo mezcló con rituales de sectas e Illuminati.
Hoy, cada vez que en un video de Beyoncé o Jay-Z aparece un ojo dentro de un triángulo, alguien grita: ¡Crowley!
En pocas palabras: la cultura pop convirtió a Crowley en el padrino estético de los Illuminati modernos, aunque él jamás tuvo que ver con eso.
La verdad es que Crowley no necesitaba ser Illuminati: ya era suficientemente polémico por sí solo. Pero la conspiranoia necesita villanos con cara reconocible, y Crowley —con su calva, su mirada penetrante y su fama de “Bestia 666”— era perfecto para el papel.
Lo irónico es que Crowley, que adoraba provocar, seguramente se hubiera muerto de risa al verse convertido en meme conspiranoico.
Si los Illuminati —o cualquier otra sociedad secreta real— existieran hoy, probablemente no estarían compartiendo sus rituales ni sus planes en videos de YouTube con millones de vistas. La paradoja es divertida: lo verdaderamente secreto no se anuncia a gritos ni se viraliza en redes sociales. Pero a la gente le fascina sentirse parte de un misterio, convencerse de que tiene acceso a información prohibida y compartirla como si fuera una gran revelación. Al final, lo que abunda en internet son mitos y teorías que, lejos de desvelar secretos, nos muestran lo mucho que nos gusta imaginar que los hay.
📚 Referencias y fuentes
Aleister Crowley – Confessions (1929)
Richard Kaczynski – Perdurabo: The Life of Aleister Crowley
Marco Pasi – Aleister Crowley and the Temptation of Politics
Terry Melanson – Perfectibilists: The 18th Century Bavarian Order of the Illuminati
Documental: The Great Beast 666 (2007)








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