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Carta a Vera, mi joven Meloncita.
Dicen que los hijos son el orgullo de sus padres. Yo espero haber sido, y seguir siendo, motivo de orgullo para mi madre. Pero con Vera he descubierto algo que no sé si alguna vez imaginé: que uno puede mirar a su propia hija no solamente con amor, sino también con una profunda admiración. Ahora que tengo estas fotos no puedo dejar de verlas. Y sonrío. No solamente por sus tiempos, por las competencias o por las marcas que ha conseguido romper. Sonrío porque detrás de cada un
Francisco Moreno Rodríguez
hace 2 horas2 min de lectura
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